Los orígenes de la sastrería
femenina se remontan a principios siglo XIX cuando el estilo masculino
era un rasgo característico en la ropa de montar femenina, las amazona usaron
trajes oscuros que los sastres confeccionaban inspirándose en las levitas y chaquetas
masculinas.
Hacia 1880 la indumentaria de ambos sexos eran muy parecidas e inclusive se comentaba que desde lejos no era fácil distingir a una joven amazona de un joven jinete a esto también contribuyo el uso de sombreros de copa, corbatas, chalecos y pantalones bajo la falda.
La mayoría de las chaquetas
femeninas estaban adornadas con detalles militares, los galones eran uno de los
motivos decorativos que mas se usaban y estaban inspirados enlos uniformes
de los regimientos militares.
Un ejemplo es la chaqueta de diario
de los militares, caracterizada por una fila de galones aplicada a todo el
ancho del pecho conocida como (crw´s feet o pata de gallo) debido a su forma
característica.
En la versión femenina de esta
chaqueta los galones son mas cortos y se remata en la parte derecha con unos
bucles de fantasía, de igual forma en los cuellos esto rompiendo con los
uniformes masculinos, esta novedosa combinación de galones verticales y horizontales
realza la longitud del cuerpo en el pecho y hace que la cintura luzca mas
estrecha.
En estos años la compañía
especializada en sastrería femenina Messrs Redfern y Co. Confeccionaba trajes
sastres femeninos, chaquetas deportiva,chaquetas de paseo, todas estas con un
corte irreprochable.
Durante los años 1880 y 90 las
chaquetas y los abrigos de linea masculina se convirtieron en prendas populares
del guardarropa femenino como:
La chaqueta de la siguiente
imagen se conocía con el nombre de reefer de doble botonadura y estaba basada
en la olgada prenda del mismo nombre, fue muy popular usarla en primavera
cuando las mujeres dejaban de usar los pesados abrigos por chaquetas mas
ligeras.
Las hechuras de moda tenían
solapas anchas con los filos con dobles o triples pespuntes, bolsillos de tapa
sobre las caderas y se abrochabancon tres botones de cada lado, se permitían
adornos discretamente femeninos como solapas cortadas en forma de hoja vistosos
galones serpenteando a lo largo de los delanteros y mangas amplias fruncidas
sobre el hombro.
Cuando las mujeres comenzaron a
participar con mas frecuencia en un mayor numero de actividades necesitaron
vestidos mas practicos ,los trajes sastres ya confeccionados ayudaban a cubrir
las necesidades de estilos de vida mas diversos, los vestidos de lana lisos se
consideraban apropiados para la vida diaria y se podían usar también para
practicar deporte como golf y el tiro.
Seguramente no eran más comodos que los otros trajes pero al
estar hechos de materiales mas resistentes tenían un menor
matenimiento y usos mas versátiles.
Aunque eran trajes más practicos
no se sacrificaba el estilo ya que había elegantes modelos muy ajustados en
algunos casos las chaquetas se diferenciaban de los vestidos mediante telas
distintas a cuadros o rayas que contrastaban entre si.
Las revistas de moda y de
patrones pregonaron la gran habilidad de los sastres que con sus métodos para
manipular las telas consiguieron vestir a la mujer poniendo de relieve la
belleza de sus formas.
Estas chaquetas muestran como el
sastre ha modificado sus técnicas para conseguir una elegante silueta poniendo
especial atención en aumentar el numero de medidas necesarias para poder
interpretar en papel la silueta femenina, un sistema de patronaje especifico
para el talle de la mujer y una confección donde paño se ciñe a la figura con
la ayuda de una entretela de lienzo con cabello y añadiendo plastones internos,
pinzas que siguen los contornos del cuerpo ambos perfectamente armonizados
mediante hilvanes y un planchado especial para conseguir formas femeninas
detalladas, que moldean el paño para un hormado perfecto del busto, un entalle
impecable en la cintura y una forma de caderas caprichosa.
A lo largo de este período tiene
lugar en la moda el triunfo deleclecticismo acogido
con gran satisfacción por la mayoría de las mujeres que no podían seguir férrea
mente los dictados de la moda dados los rápidos cambios que en ella se
registraban.
Inmediatamente se perfilaron dos
posturas por un lado quienes consideraban que la moda causaba una pérdida de
tiempo que provocaba la disminución de la modestia y la moralidad que
ocasionaba perjuicios físicos que repercutía en el orden doméstico. En la línea
opuesta se valoraba que la moda surgía, cambiaba para buscar remedios soluciones
en función de las necesidades de una época siendo expresión de la cultura y de
la sociedad.
Las revistas femeninas y más
tarde las revistas de moda activaron uno de los canales de mayor influencia de
los iniciales grabados de moda sin apenas comentarios que dio paso a
publicaciones periódicas en las que las crónicas de moda adquirieron un mayor
protagonismo acompañadas de ilustraciones, algunas de ellas en color.
Esta hermandad con el transcurrir
de los tiempos se fue difuminando. El impulso de estas revistas pone de
manifiesto el auge que estaban alcanzando la moda y la industria con ella
relacionada, a partir de 1860 se generalizó
paralelamente a esta evolución;
la actividad comercial adquirió una singular proyección dos tipologías de
comercios ocuparon el espacio comercial desde mediados del siglo XIX.
Por una lado las tiendas o
bazares, magazines de nouveautés y por otro lado las casas de moda.
Este fenómeno que está muy bien definido en otros lugares como en Francia no fue ajeno en nuestro país.
Este fenómeno que está muy bien definido en otros lugares como en Francia no fue ajeno en nuestro país.
En ciudades como Madrid surgieron
desde mediados de la centuria comercios con una amplia variedad y selección de
artículos en donde la confección ocupaba un espacio destacado.
En Francia la incorporación de
las marcas estampilladas en el interior de los trajes femeninos (las
etiquetas) que fueron una aportación de las casas de moda, esta práctica
rápidamente se adoptó en toda Europa las etiquetas que en ningún modo
pueden ser comparables a la firma de un artista tenían una importante función
considerando como señalábamos al principio que la internacionalización de
la moda es una constante a lo largo del siglo XIX la etiqueta venía a
garantizar su calidad sobre todo en aquellas prendas destinadas a la
exportación.
Por otro lado les confería una categoría diferente frente a los artículos que se vendían en los comercios de precio fijo. Otra posibilidad para la comercialización fueron los catálogos, tarjetas de publicidad y anuncios en prensa que revelan una actividad comercial de gran interés. El antecedente de estos pequeños libros está en el siglo XVIII, cuando sastres y modistas se encargaban de dar publicidad a sus creaciones en cuartillas en las que figuraba el modelo y el precio.
Por otro lado les confería una categoría diferente frente a los artículos que se vendían en los comercios de precio fijo. Otra posibilidad para la comercialización fueron los catálogos, tarjetas de publicidad y anuncios en prensa que revelan una actividad comercial de gran interés. El antecedente de estos pequeños libros está en el siglo XVIII, cuando sastres y modistas se encargaban de dar publicidad a sus creaciones en cuartillas en las que figuraba el modelo y el precio.
La instrucción femenina no sólo estaba orientada a los valores religiosos , deberes familiares y domésticos, la actitud,el porte y naturalmente la forma de vestir formaban parte del barniz que una joven recibía para conducirse en sociedad.
Las diferencias sociales y las actividades determinaron y condicionaron el traje que se convirtió en expresión de circunstancias concretas.
Seguir la moda con acierto suponía tener un conocimiento profundo del “arte de vestir” y del “arte del adorno” y dominar a la perfección los principios de este arte significaba saber elegir el traje más conveniente para cada ocasión aunque los principios de este código fueron complejos. La"armonía” se presentaba como uno de los fundamentos básicos para alcanzar el perfecto equilibrio de la imagen exterior.
Desde las páginas de los manuales
también se reflexiona acerca de la “belleza física” y de la “belleza moral”. La
elegancia se expresaba en la forma de vestir en los movimientos, en los gestos,
en la mirada.
Incluso se llegaron a diferenciar unos grados asociados a la elegancia, como la distinción, el encanto, la fascinación y lo chic.
Pero sin lugar a dudas, la sencillez fue el baluarte de la elegancia en la que no dejaron de insistir las crónicas:“La única regla infalible para estar siempre bien vestida es la de procurar guiarse por la sencillez; la mujer elegante, no solo se desvía instintivamente de las hechuras rebuscadas y adornos llamativos, sino que se siente atraída hacia las distintas manifestaciones de la sencillez, tanto en la corrección de las líneas como en el matiz de los colores. Esto no implica un total abandono del adorno, pero sí exige un delicado estudio, a fin de que el color, la hechura y el adorno se fundan en un todo armónico, correcto y distinguido”. En un período en el que la moda está dominada por una necesidad de cambio incesante, el lujo destacaba como el gran enemigo de la elegancia y de las economías más modestas.
Incluso se llegaron a diferenciar unos grados asociados a la elegancia, como la distinción, el encanto, la fascinación y lo chic.
Pero sin lugar a dudas, la sencillez fue el baluarte de la elegancia en la que no dejaron de insistir las crónicas:“La única regla infalible para estar siempre bien vestida es la de procurar guiarse por la sencillez; la mujer elegante, no solo se desvía instintivamente de las hechuras rebuscadas y adornos llamativos, sino que se siente atraída hacia las distintas manifestaciones de la sencillez, tanto en la corrección de las líneas como en el matiz de los colores. Esto no implica un total abandono del adorno, pero sí exige un delicado estudio, a fin de que el color, la hechura y el adorno se fundan en un todo armónico, correcto y distinguido”. En un período en el que la moda está dominada por una necesidad de cambio incesante, el lujo destacaba como el gran enemigo de la elegancia y de las economías más modestas.
Lo cierto y verdad es que dentro
del gusto actual se hace tal derroche de perfecciones y detalles que la toilette más modesta
resulta una verdadera obra de arte. No obstante, se puede obtener un bonito
vestido lindamente adornado, sin necesidad de acumular sobre él bieses,
pliegues, trencillas, cordoncillos botones, junquillos y esos mil detalles que
decoran aún los vestidos más sencillos. ¡Pero no se desconsuelen nuestras
lectoras! No es precisamente la acumulación de guarniciones lo que constituye
el encanto de una toilette; se puede ir tan graciosa como elegante con un
vestido más sencillo, con tal de que esté bien cortado.
Este último punto es muy
importante pues es el que más contribuye a que la ropa siente bien, a que se
amolde perfectamente a las indicaciones del figurín y el patrón y no de otra
manera a la aventura, como acostumbran a hacer las modistas poco prácticas”.
La armonía y la sencillez exterior tuvieron su reflejo en la silueta, constituyendo uno de los aspectos más singulares del estudio de la indumentaria femenina.
La evolución de la moda no sólo puede seguirse a través de las transformaciones que se manifiestan en la hechura y en el corte de todo tipo de prendas, en los colores y guarniciones. Asimismo, la silueta, definida en otros momentos por miriñaques, polizones y sobre todo por el corsé, vio alterada sus formas naturales.
La armonía y la sencillez exterior tuvieron su reflejo en la silueta, constituyendo uno de los aspectos más singulares del estudio de la indumentaria femenina.
La evolución de la moda no sólo puede seguirse a través de las transformaciones que se manifiestan en la hechura y en el corte de todo tipo de prendas, en los colores y guarniciones. Asimismo, la silueta, definida en otros momentos por miriñaques, polizones y sobre todo por el corsé, vio alterada sus formas naturales.
En este sentido la higiene jugó
un papel decisivo alertando sobre las posibles contra indicaciones de ciertos
usos, sobre todo los relacionados con el corsé, responsable en algunos casos de
los trastornos en:“…el aparato respiratorio al comprimir los pulmones alerta el
aparato digestivo al oprimir el estómago, que adopta una posición casi
vertical; desvía el hígado y maltrata la vejiga, comprimiendo el vientre;
trastorna la circulación, congestionando por consiguiente el rostro, y aplana y
marchita los pechos”.La higiene se desarrolló como campo de estudio y se
definió como parte importante de la ciencia. Sus reflexiones acerca de la moda
influyeron considerablemente, alertando de los caprichosos vaivenes de la
moda, las aportaciones en este sentido no escasean.
Desde mediados del siglo XIX hay
un intento material por racionalizar la moda, que parte en sus inicios de
Estados Unidos, con la propuesta de Amelia Bloomer.
Fue un hecho puntual pero dio pie a que personajes vinculados al mundo del arte
dirigieran su atención hacia la indumentaria femenina, proponiendo diseños con
hechuras flexibles que permitían al cuerpo recuperar su protagonismo. Fue en
Inglaterra donde se avivaron nuevas ideas llegadas desde elmovimiento Arts and Crafts.
William Morris diseñó algunos vestidos para su mujer, en los que la simplificación no sólo afectaba a la forma, sino también a los elementos decorativos que, sin faltar, contrastaban con las elaboradas hechuras contemporáneas, que por otro lado, encarecían de forma desmedida las prendas.
Establecer una unión entre el cuerpo y el traje donde lo artístico, lo estético y sobre todo lo funcional se expresaran deforma natural fue la intención de algunos de los implicados en este movimiento. E.W. Godwins, arquitecto y diseñador, equiparar el saber vestirse con la arquitectura, arte y ciencia de la construcción,otorgándole la misma categoría de conocimiento elevado. Desde Alemania también se registró una importante sensibilidad hacia estos aspectos, denominando al traje moderno como “traje reforma”.
El mundo clásico se convierte en una referencia así,el interés de Henry Van de Velde, las propuestas deMariano Fortuny y los diseños de Kandinsky y Sonia Delaunay, entre otros, dan forma a prendas que proporcionan una mayor libertad al cuerpo.
Pero estas propuestas elitistas se comercializaron de manera minoritaria y no calaron profundamente; esos diseños de hondas raíces estéticas estuvieron al margen de la moda convencional que recogen las revistas.
Las cronistas de las publicaciones femeninas manifiestan un involuntario interés por relatar las novedades vistas en los talleres más renombrados, en los teatros y fiestas o en las carreras de caballos.
Por otro lado fue en el “traje de interior” donde las nuevas propuestas estéticas, aunque de forma muy sutil, encontraron un tímido hueco, sobre todo en las hechuras elegidas: hechuras de corte imperio o la túnica con pliegue Watteau, frente a la bata de corte princesa más ajustada al cuerpo que por otro lado, no se abandonó.
William Morris diseñó algunos vestidos para su mujer, en los que la simplificación no sólo afectaba a la forma, sino también a los elementos decorativos que, sin faltar, contrastaban con las elaboradas hechuras contemporáneas, que por otro lado, encarecían de forma desmedida las prendas.
Establecer una unión entre el cuerpo y el traje donde lo artístico, lo estético y sobre todo lo funcional se expresaran deforma natural fue la intención de algunos de los implicados en este movimiento. E.W. Godwins, arquitecto y diseñador, equiparar el saber vestirse con la arquitectura, arte y ciencia de la construcción,otorgándole la misma categoría de conocimiento elevado. Desde Alemania también se registró una importante sensibilidad hacia estos aspectos, denominando al traje moderno como “traje reforma”.
El mundo clásico se convierte en una referencia así,el interés de Henry Van de Velde, las propuestas deMariano Fortuny y los diseños de Kandinsky y Sonia Delaunay, entre otros, dan forma a prendas que proporcionan una mayor libertad al cuerpo.
Pero estas propuestas elitistas se comercializaron de manera minoritaria y no calaron profundamente; esos diseños de hondas raíces estéticas estuvieron al margen de la moda convencional que recogen las revistas.
Las cronistas de las publicaciones femeninas manifiestan un involuntario interés por relatar las novedades vistas en los talleres más renombrados, en los teatros y fiestas o en las carreras de caballos.
Por otro lado fue en el “traje de interior” donde las nuevas propuestas estéticas, aunque de forma muy sutil, encontraron un tímido hueco, sobre todo en las hechuras elegidas: hechuras de corte imperio o la túnica con pliegue Watteau, frente a la bata de corte princesa más ajustada al cuerpo que por otro lado, no se abandonó.
Este período que nos ocupa (1890-1914) se conoce genéricamente como Belle Époque. A partir de 1890 se inaugura una nueva etapa que deja atrás el uso del polisón, encargado de dar volumen y ahuecar las faldas.
Éstas pierden el protagonismo de la etapa anterior y dejan paso a formas concebidas con una menor rigidez y concierto movimiento que intenta responder a los ritmos sinuosos del Modernismo.
El busto de los cuerpos se ajusta al busto mediante el corsé y las ballenas que se alojan en las costuras de los forros, imprimen una rigidez que se disimula al exterior porque los tejidos flotan y se despegan de la estructura interior. Característica que se mantiene hasta comienzos de la primera década del siglo XX.
Desde la última década del siglo
XIX otros cambios se dejan sentir. Si hasta la fecha cada momento del día y
cada actividad habían regulado la etiqueta relacionada con el traje, a partir
de ahora no sólo no se abandona sino que se mantiene. Además se definen nuevas
categorías de trajes para diferentes actividades que hasta la fecha no habían
sido propias de las mujeres.
En este sentido es importante la transformación que se produce en relación con la práctica de determinados deportes.
Trajes para montar a caballo o para tomar baños de mar se habían definido en décadas anteriores. Sin embargo la gran novedad fue la incorporación del traje para montar en bicicleta (bloomer) como consecuencia de la práctica del mencionado deporte.
En este sentido es importante la transformación que se produce en relación con la práctica de determinados deportes.
Trajes para montar a caballo o para tomar baños de mar se habían definido en décadas anteriores. Sin embargo la gran novedad fue la incorporación del traje para montar en bicicleta (bloomer) como consecuencia de la práctica del mencionado deporte.
La reacción más inmediata ante
todo aquello dio pie a que se iniciara una etapa de reflexión sobre la práctica
femenina del ciclismo y su incidencia en el traje.
Otra de las grandes aportaciones fue el traje sastre, sin antecedentes en hechura y función.
Su éxito se asocia a la comodidad que proporcionaba y a su carácter práctico, singularidades que se destacan reiteradamente, las revistas de moda desde que Charles Poynter, sastre inglés, conocido como John Redfern diseñara un traje compuesto por una falda y una chaqueta adecuado para las exigencias urbanas.
Este largo período al que nos referíamos anteriormente, prolonga la presencia de la estética decimonónica hasta 1910.
Otra de las grandes aportaciones fue el traje sastre, sin antecedentes en hechura y función.
Su éxito se asocia a la comodidad que proporcionaba y a su carácter práctico, singularidades que se destacan reiteradamente, las revistas de moda desde que Charles Poynter, sastre inglés, conocido como John Redfern diseñara un traje compuesto por una falda y una chaqueta adecuado para las exigencias urbanas.
Este largo período al que nos referíamos anteriormente, prolonga la presencia de la estética decimonónica hasta 1910.
La línea sinuosa define la
silueta de 1900, vigente hasta 1908. A partir de este momento una nueva lectura
de las modas de los tiempos del Directorio y del Imperio incorporan el talle
alto y la falda recta, dejando atrás aquellos talles finos en los que se
marcaba la curvatura de los riñones con faldas de amplísimo vuelo, que se
abrían siguiendo ritmos florales.
Fecha límite en este recorrido es 1910, cuando se anuncian cambios que introducirán elementos y detalles que triunfarán tras la Primera Guerra Mundial.
Túnicas, sobrefaldas y faldas pantalón, reales o disimuladas, se acortan progresivamente dejando ver tímidamente el tobillo, novedad importante aunque con precedentes anteriores a lo largo del dilatado siglo XIX.
Fecha límite en este recorrido es 1910, cuando se anuncian cambios que introducirán elementos y detalles que triunfarán tras la Primera Guerra Mundial.
Túnicas, sobrefaldas y faldas pantalón, reales o disimuladas, se acortan progresivamente dejando ver tímidamente el tobillo, novedad importante aunque con precedentes anteriores a lo largo del dilatado siglo XIX.
Al mismo tiempo que las faldas se
acortan se estrechan. Pero, sin lugar a dudas, una de las notas de modernidad,
no exenta de críticas, fue la incorporación de la falda pantalón hacia 1911. De
clara reminiscencia oriental, fue Paúl Poiret quien introdujo esta nueva
modalidad, aunque, dado el atrevimiento, su uso no se generalizó de manera
inmediata. No hay que olvidar que la falda se identifica con la esencia de lo
femenino. Por ser una prenda imprescindible, la moda no escatimó esfuerzos para
introducir novedades que marcarían su evolución. De aquí que las revistas
informasen puntualmente de las transformaciones que tenían lugar; entre otras
razones, porque las propias lectoras reclamaban más noticias. Pero
independientemente de lo que determinara la moda, era preciso conocerse bien
para saber lo que convenía. Así por ejemplo las faldas ajustadas a las caderas
de 1898 no sentaban bien a las que tenían el talle corto ni a las muy delgadas,
porque carecían de formas. Por esta misma razón, cuando la falda pantalón
intentó hacerse hueco, las revistas no dejaron pasar el asunto a pesar de que
se creía que sería algo meramente transitorio sin fuerza para implantarse.
Revistas de la época como La moda
práctica, La mujer en su casa o El salón de la moda, en sus números de 1911,
recogen diferentes comentarios. Desde algunas de estas páginas se intentó hacer
campaña para avalar su fracaso como se pone de manifiesto en las siguientes
líneas: “Lo que creíamos una burla carnavalesca, un capricho de algún modisto
fantástico, va tomando aspecto de realidad; sí estimadas y sensatas lectoras de
La mujer en su casa: en todas las buenas fuentes en donde yo bebo para
comunicaros noticias, veo con disgusto algunos modelos de falda-pantalón.
Esperamos, yo todavía espero con afán, que por un lado las modistas de fama y
por otro las señoras de buen sentido unirán sus esfuerzos para librarnos de
esta horrible extravagancia”.
Desde La moda práctica se esgrimen otros argumentos también destinados a buscar el fiasco del nuevo modelo: “Aunque estos pantalones son razonables ya que suprimen el peligro de las faldas trabadas, creemos que las mujeres no los aceptaremos.
Los pantalones son graciosos y nos favorecen mucho; pero ¿cuál de nosotras se aventurará a ponérselos?” La moda ésta, más que nada, tiende a dar a las mujeres más independencia; pero tememos que la iniciativa resulte demasiado atrevida. ¿Por qué? Porque desde el momento que llevemos calzones tendremos que modificar nuestra toilette, prescindiendo de carnes demasiado abundosas. Y como no es justo que hagamos excepción de las robustas, que son la mayoría en España, tendremos que crear una nueva moda para ellas”. Sin embargo, y a pesar de todo, la estética, el decoro y la conveniencia social se suavizaron con el tiempo y hubo cierta libertad para la elección.
Desde La moda práctica se esgrimen otros argumentos también destinados a buscar el fiasco del nuevo modelo: “Aunque estos pantalones son razonables ya que suprimen el peligro de las faldas trabadas, creemos que las mujeres no los aceptaremos.
Los pantalones son graciosos y nos favorecen mucho; pero ¿cuál de nosotras se aventurará a ponérselos?” La moda ésta, más que nada, tiende a dar a las mujeres más independencia; pero tememos que la iniciativa resulte demasiado atrevida. ¿Por qué? Porque desde el momento que llevemos calzones tendremos que modificar nuestra toilette, prescindiendo de carnes demasiado abundosas. Y como no es justo que hagamos excepción de las robustas, que son la mayoría en España, tendremos que crear una nueva moda para ellas”. Sin embargo, y a pesar de todo, la estética, el decoro y la conveniencia social se suavizaron con el tiempo y hubo cierta libertad para la elección.
En este orden de ideas, la
elección del sombrero permitió cierta relajación aunque sin dejar de lado las
indicaciones relacionadas con su uso:“El párrafo de los sombreros termina
pronto: en cuanto os diga que se llevan todas las formas, por extravagantes que
sean, de todos los tamaños y que se admite toda clase de adornos; esta libertad
tiene la ventaja de aprovechar cuanto se conserva de todas las épocas y de
escoger la forma que mejor siente a las fisonomías; esta debe ser la razón de
la preferencia que se observa hacia los sombreros flexibles, con un alambre al
borde del ala, que se sube, se baja o se ladea según el capricho o el gusto de
la que se coloca el sombrero”.
Más allá de las características que definen la moda de este período presentadas y difundidas por las revistas de moda, no debemos olvidarnos de la estética que, asociada a la elegancia, es un componente individual que la alimenta. En otras palabras “La estética nos delata más que las palabras, más que lo que decimos que somos, más que una declaración de buenas intenciones”.
Más allá de las características que definen la moda de este período presentadas y difundidas por las revistas de moda, no debemos olvidarnos de la estética que, asociada a la elegancia, es un componente individual que la alimenta. En otras palabras “La estética nos delata más que las palabras, más que lo que decimos que somos, más que una declaración de buenas intenciones”.

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